Todo empezó con un WhatsApp que parecía inocente…
— Andrés, imagínate que en marzo voy para Colombia. A Santa Marta –le escribió por WhatsApp.
— Hoooola Dani. ¿En serio?
Pero qué interesante.
Supongo que no pasas por Bogotá.
— Pues igual debo, porque hay que hacer conexión.
— Jummmm. Qué interesante otra vez.
Bueno, en principio, si tienes tiempo en esa escala, te veo.
— Jajaja, me encanta esa actitud positiva.
No hago stop porque ya conozco tu ciudad, no creo volver a conocer más trancones.
— Pero no me conoces a mí, guiño guiño.
Y con quién viajas? Y para qué fechas exactamente?
— Para Semana Santa, exactamente del miércoles al domingo.
Y voy sola. Mi plan es conocer la Sierra Nevada y Cabo San Juan.
— Bueno, super. Vamos a ver qué plan nos inventamos.
— Es el otro año, así que calmados.
Igual ya tienes la primicia.
Esto pasó en diciembre. Daniela es peruana, así que, sí o sí tenían que verse en ese viaje. Es decir, Andrés no iba a dejar pasar la oportunidad.
Ya llevaban rato de “conocerse” por Instagram, y la conversación siempre fue muy cordial entre ambos. Claramente se caen bien.
Acercándose la fecha empezaron a aterrizar más las cosas.
Por ejemplo contemplaron la posibilidad de ir a Villa de Leyva, que es el pueblito que uno usualmente le quiere mostrar a los turistas, aunque, por tiempo, al final decidieron que era mejor algo más cerca, como Guatavita.
— No tengo problema en ir a donde digas.
Mientras tu plan no sea robar mis riñones, estamos bien.
— Ah no, no te preocupes. Tus riñones no son lo que me interesa.
Hay partes más interesantes.
— Mi hígado no te sirve, quedas advertido.
Ni mis córneas, uso lentes.
— Jajaja, cuánta inocencia, Daniela.
— Así soy, pura.
Pero entonces, ¿qué parte te interesa?
— Pues para empezar, tu boca.
— Mi boca, mmmmm. Interesante.
¿Y qué otras partes te interesan?
— Piernas.
— Jajaja. Eso parece pedido de pollo asado: Me da pierna por favor.
— ¿Pierna y pechuga?
— Jajaja. La pechuga te la voy a quedar debiendo.
Pero eso no significa que ya tienes la pierna, eeeeeh?
— Jajaja. Ya me estaba ilusionando.
Y así siguieron sus conversaciones. Con coqueteo medio sutil a ratos, medio no tan sutil a otros ratos.
Hasta que llegó el día del encuentro.
Quedaron en verse en una estación de Transmilenio que le quedara fácil a ambos: Los Héroes. Andrés normalmente se habría ofrecido a ir a recogerla, pero ella primero debía dejar sus maletas en casa de un amigo, bañarse, arreglarse… y aparte él andaba trabajando para poder tener la tarde libre.
Se vieron a eso del medio día.
Cuando Andrés la vio sintió química inmediatamente. Daniela luego le confesó que le pasó igual. Si bien ya se habían visto en fotos, la sensación es muy distinta en persona.
Daniela es lo que puedes esperar de una princesa Inca. Bonita, atractiva, piel morena, ojos oscuros y un olor delicioso.
Cuando la vio, se bajó inmediatamente del carro para saludarla. “Hooooola Dani”, le dijo con alegría, le dio un beso en la mejilla y le dio un abrazo apretado. De esos que solo le das a alguien con quien sientes química.
— ¿Cómo estás? ¿Muy cansada?
— No tanto, afortunadamente. Aunque dormí poco así que en cualquier momento me da el ataque de sueño.
— Bueno, si te duermes de camino, te pellizco.
— ¿Dónde? Jajaja.
— No, pues donde pueda. ¿No ves que voy manejando?
— Jajaja. Bueno, no. Entonces mejor me tomo un cafecito para no dormir.
— Eso. Y si quieres tú te encargas de la música para que no caigas. Ponemos lo que te guste.
— Me parece muy bien.
Y así agarraron carretera, rumbo a Guatavita.
— Marica, ¿y por qué no la llevó a Villa de Leyva? –le pregunté a Andrés.
— Porque es muy lejos. Estábamos saliendo a medio día, para llegar allá a las 3 pasadas… esa mujer muere de hambre o se me duerme en el camino.
— Pues se quedan allá, fácil.
— No marica, ella tenía planes al día siguiente, temprano, con sus amigos. No podía yo raptarla por tanto tiempo. Además Guatavita es bonito, apenas para tardear con una turista.
— Una turista bonita, jajaja –Interrumpió la Gorda mientras pedía otra ronda de cervezas para nuestra mesa.
Para quienes no conozcan, Guatavita es un pueblo muy acogedor, con arquitectura bonita, colonial, parecida un poco a lo que puedes ver en Villa de Leyva. Pero mucho más pequeño, más económico, Y más cerca de Bogotá, claro.
Al cabo de una hora larga, finalmente llegaron.
Hora larga, que es distinto a una larga hora. O sea.
Porque a Andrés se le pasó volando. Se fueron hablando todo el camino, lo que para él era maravilloso. Qué bueno tener de copiloto a alguien con quien puedes conversar despreocupadamente, de cualquier cosa y reírse como tarados.
Escuchar música a todo volumen y cantar a grito herido.
Dani es muy amable y divertida.
Hubo montones de miradas sutiles y coquetas, de indirectas y directas.
Al llegar al pueblo, Andrés se dijo a sí mismo “acá fue”, y ahí fue que se decidió a darle el primer beso a Daniela.
Cuando se bajaron del carro, él se fue a abrirle la puerta, le dio la mano para ayudarla a salir, y cuando ella se levantó, Andrés aprovechó para acercarse a abrazarla y darle un beso muy bien dado, profundo pero lento.
Ese beso fue mágico. Los transportó a ambos a otro planeta.
El siguiente beso ya los transportó a alguna cama de este planeta. O al menos a Andrés.
Parquearon cerca de la plaza central, y se bajaron a conocer. Estaba haciendo un clima fresco, muy sabanero, a pesar de estar haciendo un poco de sol, que no calentaba mucho, realmente.
Caminaron, conocieron, hablaron… Y coquetearon. Coquetearon mucho.
— ¿Cómo vas de hambre, Dani?
— Bien. Podría comer, pero no es de urgencia.
— ¿Y de sueño? ¿Necesitas ese cafecito?
— Claro, me encantaría. Pero mejor después de almorzar, ¿no?
— Tienes tooooda la razón.

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Al cabo de un rato se decidieron por un restaurante, uno de los más grandes del lugar. O sea, si vas a invitar a almorzar a alguien que viene fuera del país, llévalo a un buen lugar. Es lo mínimo.
Y ahí empezó el coqueteo. El de verdad.
Todo empezó con un comentario inocente sobre la gastronomía de cada país. Que la de Perú es mejor, que la de Colombia es más variada, que la de Perú sabe más…
De hablar de comida pasaron a hablar de sazón, de que la comida limeña debe saber muy rico, que habrá que probarla algún día.
— Pues yo no me puedo ir de Colombia sin probar el café colombiano.
— No, no, no. Eso no lo podemos permitir. Además eso te despierta de una.
— No lo dudo. Está perfecto para despertarme.
— No te preocupes, te garantizo que te despierto, te quito el frío y te dejo con un buen recuerdo. Digo, el café. El café te deja con un buen recuerdo.
— Jajajaja. Trato hecho, Andresito. Me gusta la idea.
— Bueno, voy a pedir la cuenta, pero prometo hacerte café en mi casa, de verdad, jajaja.
— Síííí. Lo de tomar buen café es en serio. Y lo de probar la sazón bogotana también, jajaja.
— Qué buena actitud.
Luego de unos minutos salieron de regreso. Obviamente Andrés manejó más rápido, y llegaron a su casa tipo 6 de la tarde, apenas para ver el atardecer desde la ventana de la sala.
— Ponte cómoda, Dani. Acá está el baño por si necesitas entrar, ya te pongo a hacer ese café.
— Qué rico, Andresito. Tanta expectativa me tiene intrigada.
— Estamos hablando del café, ¿verdad?
— Obvio. ¿De qué más? Jajaja – le respondió Daniela con mirada incitadora.
Al cabo de unos minutos de conversación y un par de cafés, empezaron a subir el tono de la conversación.
Ya iban en que el café es rico fuerte y caliente, que la piel caramelo debe oler muy rico. Que la pierna y la pechuga… Ahí fue cuando Dani le confesó que sintió una química muy especial cuando se conocieron y se dieron ese primer abrazo.
A veces un abrazo puede hacer la diferencia.
Ya con esa conversación todo estaba claro. Ese almuerzo iba con postre.
Andrés se acercó lentamente, con una mano le corrió el pelo, le tomó suavemente la mejilla y la besó. Primero muy despacio, como para medirle el aceite a la situación.
— Ajá, a la situación.
— Ay, Gorda. Déjeme terminar la historia, no joda.
Y, como era de esperarse, el beso suave pasó a beso apasionado, que a su vez pasó a beso en la alcoba. Un beso de cuerpo entero.
Allá Andrés empezó a quitarle la ropa, tomándose todo el tiempo del mundo. Era todo lo que él se imaginó: Piel morena, suave, como de caramelo.
Y ella, ella apasionada, sexy, inteligente y creativa. También le quitó la ropa a él.
Como ya saben, no detallaremos mucho porque este no es ese tipo de blogs, pero fue una noche de esas que difícilmente se olvidan.
Daniela tomó gran parte de la iniciativa y le hizo cosas a Andrés que él no esperaba.
Solo podemos decir que no se volvieron a ver, como era de esperarse. Al menos en persona. Al menos hasta donde Andrés nos contó.
Ella siguió en Colombia unos días más, con sus amigos. Él también, básicamente porque es su país, o sea.
Mantuvieron el contacto por redes sociales, se siguieron coqueteando un tiempo, siguieron compartiendo esa complicidad y recordando momentos.
Esa visita tumbó ese mito de que las amistades se dañan con el sexo. Con el tiempo se volvieron más amigos, empezaron a contarse cosas más personales.
Y sí, se confirmaron dos cosas: que la sazón limeña es deliciosa… y que el café colombiano tampoco se queda atrás.
¿Será que Andrés vuelve a ver a su peruanita?
¿Será que por fin encuentra el amor de su vida?
¿Será que Omar sigue publicando historias o se nos hará el pendejo?
La respuesta a estas y otras preguntas en un próximo episodio de… LE PASÓ A UN AMIGO. En un blog cerca a usted.
– FIN –
Y bueno, historia 100% nueva, de esas que tenía planeado escribir hace rato.
Así como tengo unas en remojo, una llamada “doña Perfecta”, aunque ya no estoy tan seguro del título.
Y otra con una persona con narcolepsia… en fin, historias es lo que hay, jajaja.
Un saludo a mis lectores antiguos, los de vieja guardia.
Y también a los nuevos. Para ustedes, les dejo recomendada la historia con que todo esto empezó: Le pasó a un amigo.
La primera que escribí de esta serie de Andrés.
A los interesados en Marca Personal y productividad, tengo un newsletter llamado “Marmogramas”, en el que doy consejos cada semana, y de vez en cuando regalo cosas, PDFs con guías que pueden usar en su trabajo. Acá se pueden suscribir. Es gratis.
De hecho, esta noche (miércoles) empiezo un taller online de productividad. Si a alguno le interesa, acá se pueden inscribir, aún están a tiempo.
Eso es todo por esta semana.
Becho y abacho.
